Las crestas de gallo guisadas son una preparación de casquería tan accesible como un hígado encebollado. Este platillo, típico de la zona de Zamora, España, ofrece una alternativa suave para quienes no disfrutan las texturas más firmes de otras vísceras.
Por qué importa
- El guisado ablanda la textura chiclosa natural de las crestas, haciéndolas más agradables al paladar de quienes no son fanáticos de casquerías.
- Es una receta económica y versátil que aprovecha partes del pollo a menudo desaprovechadas, reduciendo desperdicio alimentario.
Contexto
Las crestas de gallo pueden prepararse de múltiples formas: confitadas, fritas o a la plancha. Sin embargo, el guisado destaca por su salsa rica y su capacidad de suavizar la textura. Restaurantes como ConSentido en Salamanca las pican finamente tras cocerlas para hacerlas aún más amables. El truco está en cocinarlas bien, limpiarlas correctamente y, si se prefiere, usar versiones congeladas que funcionan igual de bien. La receta lleva 500g de crestas para dos personas, con sofrito de cebolla, pimientos, tomate, pimentones y especias, cocidas en caldo de pollo durante una hora aproximadamente.
Lo que sigue
Prueba esta técnica de guisado con otras casquerías de textura similar.
Fuentes
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Con información de directoalpaladar.com