La marsopa, pariente cercano del delfín, dominó las mesas de la nobleza europea durante la Edad Media como un manjar reservado exclusivamente para reyes, arzobispos y alta aristocracia en territorios británicos y franceses.
La popularidad de este cetáceo como alimento de lujo respondió a una ingeniosa interpretación de las normas religiosas de Cuaresma. Al vivir en el agua, la marsopa fue clasificada como «pescado» a pesar de ser mamífero, permitiendo a las clases altas esquivar la prohibición de consumir carne roja durante el calendario litúrgico. Según el historiador británico Neil Buttery, esta práctica contrasta notablemente con el respeto que civilizaciones antiguas, como la minoica de Creta, mostraban hacia delfines y especies similares. La marsopa se convirtió en sustituto directo del venado, carne igualmente aristocrática pero prohibida durante la abstinencia religiosa.
Esta excepcionalidad gastronómica medieval desapareció con el tiempo. Hoy, las leyes internacionales protegen a los cetáceos de la caza comercial, reflejando un cambio radical en cómo las sociedades occidentales valoran a estas especies inteligentes.
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Con información de directoalpaladar.com